LAS CENIZAS DE TAMAR

Sueños

Tiempo de sanar

SueñosCarolinaComment
Tras 12 años experimentando el gran poder sanador de Jesús en muchas áreas de mi vida, fue recién en Junio del 2014 cuando sentí que a pesar de disfrutar de la paz y bondad de mi Señor, un gran sentido de culpabilidad, ansiedad y vergúenza muchas veces nublaban mis días sin comprender la razón.

Era como cargar un gran peso sobre mis hombros, sin saber como quitármelo. Esta situación no sólo me afectaba emocionalmente sino que sin saberlo, también estaba afectando la relación más importante en mi vida: Mi relación con Jesús.

A veces durante mis oraciones y tiempos de devoción, sentía que si no me quedaba con El por una hora, no era suficiente y el se enojaría conmigo. Aunque suene infantil, por alguna razón, algo en mi lo percibía así, como si estubiera molesto conmigo, cuando en realidad yo sé que El no es así. Así, que una tarde le pedí en oración ayudarme a entender porque me sentía culpable cada vez que dejaba su presencia para continuar con mi día a día.

Mi pasión por la investigación no se dejo esperar y rápidamente no dude en echar un vistazo al Internet y literalmente googelié (no si esta palabra existe) cual es la causa de este tipo de sentimientos. Clickié enter, y pronto encontré que la culpabilidad, es un sentimiento que junto con la vergüenza, ansiedad, temor, baja autoestima, entre otros, pueden representar también características de muchos sobrevivientes de abuso sexual infantil.

 

Ahí, frente al computador, aquella tarde de sol radiante se nubló frente a mis ojos y el tiempo paro por un momento y mi mente regresó al pasado en materia de segundos, abriendo la puerta de una caja de Pandora, llena de terribles recuerdos, de tocamientos indebidos perpetrados por personas de mis más entera confianza. Entonces entendí, que como mecanismo de defensa, mi memoria había bloqueado esos terribles incidentes, para poder sobrevivir. Y es que el artículo que leí, describía lo que yo NO quería escuchar:

“que no se necesita ser violada literalmente para ser afectada en gran manera a nivel psicológico. Muchos abusos sexuales no sólo se refieren a una violación, sino que también incluyen (como en mi caso) tocamientos indebidos al niño(a) y como en otros casos, la exposición a material pornográfico, a las partes privadas, etc. Basta que la niña(o) sea expuesta a una conducta sexual de cualquier tipo ya es considerado una extralimitación y ello conlleva una serie de traumas que varían según la gravedad y la continuidad del abuso.

 Una niña(o) no entiende lo que pasa y como ha sido criada respetando a los adultos, en muchos casos se siente culpable de haber permitido o participado de actos que en su interior sabía, no estaban bien. Muchas de ellas son incluso amenazadas y forzadas a no decir nada. Y es ahí donde el silencio y la culpabilidad, callan la rabia, robando según expertos nuestra voz e identidad.

Por primera vez entonces, ENTENDÍ, PESÉ y ENFRENTÉ la gravedad de lo que me había pasado cuando apenas tenía 5 años de edad. Entendí con gran dolor en mi alma, que NO SOLO  había sido molestada sexualmente en mi infancia, por quienes se hacían pasar como “amigos”de mis padres, sino que recién visualizaba las cicatrices de un ultraje perpetrado décadas atrás, cuyos estragos psicológicos continuaban minando mi vida personal y sobretodo mi vida espiritual, sin saberlo.

Me di cuenta también que al haber sido ultrajada a tan temprana edad, ello me puso en una situación de vulnerabilidad frente a otras personas, lo cual inició una cadena de abusos a lo largo de mi vida.

Que hago? me pregunté. Inmediatamente oré al Señor y le pedí que me sane, como tantas veces lo había hecho en otras áreas de mi vida, sin embargo, el Espiritu puso en mi corazón buscar ayuda profesional. Y ello trajo en mi una gran carga de vergüenza.“No estoy lista para contarle a un profesional lo que me pasó”, “No quiero que me juzgue”, "No me va a creer", “Me da vergüenza”. “No quiero contar los detalles que durante tantos años repremí, no estoy lista”.

La idea de mirar a mi pasado para recordar, me aterraba. Pensaba que me hiba a derrumbar y que quizá no lo hiba a poder superar nunca. Realmente me aterraba la idea de estar tan trizte que no me pueda sobreponer. Sin embargo, un terapista me dijo algo muy sabio. Jesús no fuerza, si no te sientes lista, no necesitas empezar el proceso aún, sólo ora, el Señor te dará la fortaleza. Sus palabras fueron como una lluvia de agua fresca sobre mí. Era como si alguien hubiera removido una mochila llena de piedras de mis hombros. No me sentí obligada como cuando me abusaron, y eso me dió paz. Jesús hiba a esperarme. Hiba a esperar hasta que este lista y esa verdad me dió una gran libertad.

Paso un año de aquella revelación, y aunque los miedos no se han ido, siento que el me toma de la mano, para pasar juntos este valle. Estoy segura que el no soltará mi mano, ni la tuya tampoco, si confías en EL. Y es por ello que decidí iniciar esta página, para  compartir este proceso, lo que estoy aprendiendo de su palabra, artículos sobre psicología, lo que necesito rechazar sobretodo las grandes mentiras que he creído sobre mi valor y mi derecho a decir NO MAS!. 

Y dime tu, cuál es tu historia?